Cuidado con las compras por impulso

Cuando salimos de compras, o simplemente a pasear, no es extraño que volvamos a casa con algún producto que no teníamos pensado comprar, pero que al verlo en un escaparate hemos experimentado de repente un fuerte deseo de poseerlo que nos ha llevado a adquirirlo. Esta acción tiene todos los números de ser una compra por impulso.

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Otras características de este tipo de compra son que el deseo percibido representa un estado de desequilibrio psicológico donde los sentimientos están temporalmente fuera de control, cosa que hace que no se evaluen objetivamente ni las características cognitivas del producto, ni las consecuencias a largo plazo de la compra.

A pesar de que a primera vista este descontrol tenga connotaciones negativas, hay que tener en cuenta que la compra reduce este estado de desequilibrio, y lo más habitual es experimentar un sentimiento de satisfacción, o incluso de felicidad, por la adquisición del producto. En contrapartida, más adelante podemos sufrir también sentimientos negativos de culpabilidad o frustración por habernos dejado llevar por el deseo inmediato y no haber podido valorar objetivamente si realmente necesitábamos el producto. Todo depende de la actitud de cada persona hacia este tipo de acciones, y de las consecuencias, o lo que podríamos llamar efectos secundarios de la compra a largo plazo.

 

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